La conexión entre religión, tradición y el misterio del inframundo ha perdurado a lo largo de los siglos en una serie de fascinantes leyendas sobre puertas al infierno. Una de estas leyendas sugiere que una de estas entradas infernales se encontraba en una antigua mina, sobre la cual se erigió el majestuoso Monasterio de El Escorial, en Madrid. Se dice que Felipe II ordenó la construcción de su palacio para sellar esa supuesta puerta maldita. Sin embargo, las narrativas populares mencionan varias otras ubicaciones que podrían ser portales hacia el inframundo.

 

El concepto del infierno en la tradición católica siempre ha estado asociado con un lugar subterráneo, caracterizado por fuego y sufrimiento. Por ende, no es sorprendente que, dentro de la tradición católica, se crean que las presuntas puertas al infierno se ubiquen bajo la superficie terrestre. Aunque los católicos no están solos en esta creencia, ya que hebreos, griegos, mayas y otras culturas también hacen mención de estos portales.

Los antiguos romanos y griegos creían que una de estas puertas al inframundo se encontraba en los 09, una región volcánica a unos 9 kilómetros de Nápoles. En este lugar, se sitúa un lago formado en el cráter del volcán Averno, descrito por el poeta Virgilio como una boca al inframundo debido a su aspecto oscuro y aterrador. Otra posible entrada fue identificada en Hierápolis, actualmente Pamukkale en Turquía. En el año 2013, arqueólogos italianos encontraron una cueva llena de dibujos rituales similar a la descrita por Estrabón como una de las puertas al infierno, emanando vapores malignos. Esta cueva está cerrada al público debido a la toxicidad de los vapores que emanan de sus profundidades.

Para los hebreos, el Valle de Hinnom era la entrada al submundo donde las almas malvadas eran castigadas según su maldad. Esta región se traduce a veces como infierno. En la cosmovisión islámica, este valle también representa un lugar similar al inframundo, ya que sobre él se extiende el puente que las almas deben cruzar en su camino hacia el paraíso. Aquellas que no cumplan con los preceptos caerán al lago de fuego.

En Nicaragua, se dice que el volcán Masaya alberga una puerta al inframundo desde el siglo XVI. Una cruz colocada en ese lugar supuestamente impide la salida de los demonios y protege a los humanos de esta entrada al inframundo. Conocida como la cruz de Bobadilla, fue instalada por el clérigo del mismo nombre, quien descendió por la ladera del volcán atado a una cuerda y afirmó haber presenciado la verdadera boca del infierno.

En Japón, el Monte Osoro, con su distintivo olor a azufre, aguas amarillentas y burbujeantes, y gran actividad volcánica, es considerado otro portal hacia el inframundo según las leyendas locales. Se cree que aquí las almas hacen una parada antes de ingresar al mundo subterráneo.

En Islandia, el volcán Hekla ha sido reconocido desde la Edad Media como una de las puertas al infierno. Después de una erupción violenta en 1104, unos monjes cistercienses propagaron la idea de que esta montaña era una entrada al inframundo. La literatura nórdica hace numerosas referencias a este lugar, incluso citándolo como la prisión de Judas.

Estas narrativas transmitidas a través de distintas culturas y geografías nos muestran cómo la imaginación y las creencias han dado origen a estas fascinantes leyendas sobre las puertas al inframundo, cada una con su propio misterio y significado en las tradiciones y mitologías del mundo.

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Por jaime