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    Aunque hace tiempo que ha caído el precio de la mayoría de las materias primas, no se nota en lo que pagan los ciudadanos en los productos finales. Cierto, el precio del petróleo ha subido, pero la subida es muy reciente. Además, es la excepción, no la regla.

    También han desaparecido hace tiempo los cuellos de botella en la distribución. Y los precios industriales – los de salida de fábrica – también llevan mucho tiempo bajando. Y tampoco lo notan los consumidores.

    Algo está ocurriendo en la cadena de producción que no se puede explicar ni por el precio en origen, ni por el precio en los mercados internacionales, ni por el precio del transporte, ya sea de los contenedores, ya sea del carburante (insisto: el diésel llevaba meses bajando y la subida es reciente).

    No hay nada malo en protestar por el coste de la vida. No es antidemocrático que los ciudadanos les recuerden a los políticos cuáles son sus prioridades. Y tampoco se le puede echar eternamente la culpa a la guerra de Ucrania. Ciertamente, el efecto rebote de las sanciones disparó el precio de las materias primas, pero hace tiempo que Rusia encontró la forma de saltárselas. Y que, en paralelo, otros países ampliaron su producción, para ocupar la cuota de mercado de Rusia. Así que hace tiempo que desapareció el shock de oferta.

    Pero hemos visto como, mientras subía el precio del grano, había almacenes llenos esperando a ver cuál era el techo, para así venderlo más caro. Se llama acaparamiento y es un fenómeno económico tan viejo como la propia economía. Se produce en situaciones de escasez y en la guerra civil española se le llamaba «estraperlo». Y estaba penado con condenas muy severas, dado el daño que producía en una población hambrienta.

    ¿Y el precio del aceite? Por supuesto tenía que subir como consecuencia de la sequía, pero, si hablas con los productores, muchos te dicen que están convencidos de que se está produciendo acaparamiento (almacenarlo para así venderlo luego mucho más caro). Y parece que es España el único país productor. Ciertamente es uno de los principales, pero no es el único.

    Otro ejemplo que llama la atención son los libros de texto. El papel lleva meses bajando, y mucho más el precio de la madera. Tampoco parece que las editoriales estén pagando mucho más a los autores, pobrecillos. Y llama la atención que la subida se produzca en un sector tan regulado, es decir, un sector en el que podría intervenir el gobierno.

    Al chollo de manipular los precios también se apuntan los cárteles mundiales. Qué casualidad que cuando Rusia estaba vendiendo más petróleo que nunca – al haberse saltado a la torera las sanciones -, aproveche justo ahora para realizar «labores de mantenimiento» en sus refinerías, justo cuando Arabia Saudita decide apretar las tuercas del grifo de la producción. A nadie le viene mal vender un poquito más caro, sobre todo cuando estás invadiendo un país.

    En realidad, los gobiernos – no solo es el español, esto es ya un problema global -, podrían hacer más de lo que hacen en el terreno de la inflación. Algo está ocurriendo en la cadena de producción que está potenciando las subidas de precios. Porque, si bajan los precios de las materias primas, han desaparecido los cuellos de botella y los precios industriales están ya en terreno deflacionista ¿cómo es posible que no se haya notado todavía en el precio de gran parte de los productos finales? Y, por la información que conocemos, los culpables no son ni los supermercados ni las tiendas de barrio.

    Como decían en Hamlet, «algo huele mal en Dinamarca». Algo huele mal cuando desaparecen los factores que generaron la inflación en los productos terminados y el consumidor final sigue pagando más. Todos los meses, sin excepción.

    Los gobiernos tendrían que trabajarse un poco más el tema de la inflación y no dejarle el «marrón» sólo a los bancos centrales (como les dejaron el de solucionar el bajo crecimiento a base de crear dinero). Cualquier economista sabe que los bancos centrales sólo controlan determinados factores de la inflación. Y entre esos factores no está lo que ocurre en las cadenas de producción. Eso es misión de la autoridad competente. Y si no está ocurriendo nada, deberían explicarlo con detalle, porque los números no cuadran.

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