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En el corazón de Saqsaywaman, en el pueblo del Cusco, se encuentra un enigma subterráneo que ha fascinado a exploradores y estudiosos durante siglos. Según antiguas leyendas y testimonios, en las entrañas de este cerro sagrado yace un misterioso pueblo inca, habitado por seres que no han muerto del todo. Se habla de casas de oro y plata, y se menciona la existencia de un túnel dorado y plateado que conecta estos enigmáticos subterráneos con otros pueblos. ¿Podría haber un tesoro perdido de los incas oculto en este laberinto subterráneo?

Los testimonios de los cronistas

Las primeras menciones sobre este misterio datan de los escritos de importantes cronistas. El jesuita Giovanni Anello Oliva, en su obra del siglo XVII, habla de un laberinto subterráneo llamado chincana, atribuido al emperador Huayna Cápac. Otro cronista relevante, el sacerdote Fray Martín de Murúa, describe en el siglo XVI un camino subterráneo construido por Ausi Topa, hijo de Topa Inga Yupanqui, que conectaba la fortaleza del Cusco con Coricancha, el templo del sol. Estos testimonios sugieren que los incas utilizaron estos caminos subterráneos para conectar diferentes lugares estratégicos.

El relato de William Montgomery McGovern

Uno de los primeros exploradores en adentrarse en el misterio de las Chinkanas fue el reconocido antropólogo y escritor William Montgomery McGovern. Durante sus expediciones en los Andes, se asombró ante las antiquísimas construcciones y leyendas locales. Según su relato, cerca de Sacsayhuamán existen cavernas con altares a los dioses de las profundidades, donde se dice que los incas escondieron gran parte de su oro para evitar que cayera en manos de los conquistadores españoles. Sin embargo, el laberinto es tan complejo que nunca se ha logrado desvelar su secreto.

La historia del choclo de oro

Una historia particularmente intrigante relacionada con las Chinkanas es la del choclo de oro. Según el relato del escritor Javier Sierra, dos estudiantes se adentraron en las aberturas subterráneas en busca del oro perdido de Atahualpa. Uno de ellos emergió días después, deshidratado y con signos de demencia, sosteniendo una mazorca de maíz hecha de oro macizo. Aunque murió sin poder explicar dónde estuvo ni dónde encontró este extraño tesoro, la historia del choclo de oro ha alimentado la creencia en los túneles secretos del Koricancha, el antiguo templo sagrado del Cusco.

Conclusiones y exploraciones futuras

Aunque el enigma de las Chinkanas y el supuesto tesoro perdido de los incas ha intrigado a muchos, hasta el momento no se ha logrado descubrir la verdad detrás de estas leyendas. Sin embargo, los testimonios históricos y los relatos de exploradores como McGovern y Sierra han mantenido viva la fascinación por estos laberintos subterráneos. Quién sabe qué secretos y tesoros podrían aguardar en las profundidades de Saqsaywaman. Tal vez futuras exploraciones puedan arrojar luz sobre estos misterios y revelar la verdadera historia que yace oculta bajo tierra.

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Por jaime