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Un antiguo sabio, Eratóstenes de Cirene (276 a.C.-194 a. C.), solo necesitó un palo para determinar que la Tierra es redonda y para poder estimar, con buena precisión, el tamaño de la circunferencia del planeta.
A Eratóstenes alguien le dijo que, en Siena, la actual Asuán, al mediodía del solsticio de verano, los rayos de sol caían perpendiculares sobre la Tierra, hasta tal punto que no producían sombra y entraban hasta lo más profundo de los pozos: de haber habido uno que alcanzara el centro de la Tierra, hasta allí habría penetrado la luz del Sol. Pero, al mediodía del solsticio de verano, los cuerpos producían sombras en Alejandría, situada 5.000 estadios al norte de Siena; o sea, esos mismos rayos de Sol no caían perpendiculares sino formando cierto ángulo con la perpendicular que Eratóstenes supo medir; y medía 7º 12′, más o menos. La circunferencia abarca un ángulo de 360º, o sea, unas 50 veces el ángulo de 7º 12′. Eratóstenes dedujo que la circunferencia máxima de la Tierra sería también 50 veces mayor que la distancia que separa las dos ciudades: o sea, debía medir 250.000 estadios, lo que da para el radio de la Tierra una distancia de 39.773 estadios (usando la aproximación 22/7 para π que ya por entonces había calculado Arquímedes).
No sabemos cuál es la medida del estadio que Eratóstenes usó en su estimación (las medidas en la antigüedad no estaban estandarizadas), pero usando las variantes más probables, la estimación de Eratóstenes para el radio de la Tierra estaría entre 6.244 y 7.358 km. Una estimación sorprendentemente buena, si tenemos en cuenta que el radio de la Tierra es de unos 6.378 km.
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